Artículo: Manoel Manteigas de Oliveira – Two Sides América Latina
En el día a día, términos como “biodegradable” y “compostable” aparecen con frecuencia en envases y campañas medioambientales. Aunque parecen sinónimos, no significan lo mismo y entender la diferencia ayuda a tomar decisiones más conscientes.
Un material biodegradable es aquel que puede ser descompuesto por microorganismos, como bacterias y hongos, con el tiempo. En otras palabras, “vuelve” a la naturaleza. Sin embargo, esta definición no establece un plazo ni condiciones específicas. Algunos productos pueden tardar años — o incluso décadas — en descomponerse por completo, dependiendo del entorno (presencia de oxígeno, humedad, temperatura, etc.). Es decir, ser biodegradable no garantiza rapidez ni ausencia de impactos durante el proceso.
Un material compostable, por otro lado, es un tipo especial de biodegradable. Se descompone en un período relativamente corto, bajo condiciones adecuadas, transformándose en compost orgánico (abono), sin generar residuos tóxicos relevantes. Para ello, generalmente se requieren condiciones específicas, como las que se encuentran en los sistemas de compostaje (doméstico o industrial). Además, las normas técnicas suelen definir criterios claros para que un producto sea considerado compostable, incluyendo el tiempo de degradación y la calidad del compost final.
El papel, la cartulina y el cartón corrugado se fabrican a partir de celulosa de origen vegetal y, por lo tanto, son biodegradables. Para reducir su impacto ambiental, estos materiales deben ser reutilizados siempre que sea posible y, cuando ya no sean útiles, deben ser enviados a reciclaje. Aun así, si se desechan como basura, tienden a descomponerse biológicamente con el tiempo, especialmente en condiciones favorables, aunque el ritmo de este proceso puede variar considerablemente según el ambiente.
Los papeles comunes, como los de impresión y escritura, las cajas de cartón y los envases no plastificados, además de ser biodegradables, pueden ser compostados en condiciones adecuadas, especialmente cuando están libres de contaminantes. Por otro lado, los recubrimientos plásticos, pegamentos, tintas o barnices inadecuados pueden dificultar o impedir el compostaje. En este contexto, han ido surgiendo alternativas desarrolladas para ser compatibles con los procesos de compostaje.
En resumen, todo material compostable es biodegradable, pero no todo lo biodegradable es compostable. La diferencia radica principalmente en el tiempo, las condiciones necesarias y el resultado de la descomposición. Al elegir productos, no solo es importante observar si son biodegradables, sino también si pueden ser compostados eficazmente y si existe la infraestructura para ello; pero incluso si el compostaje no está garantizado, ser biodegradable ya es un gran avance.
Foto: Archivo Afcp

