En las últimas dos décadas, la lectura ha atravesado una transformación profunda. Los dispositivos digitales se han convertido en el principal medio a través del cual las nuevas generaciones acceden a los textos, mientras que el papel ha pasado de ser el formato predominante a una opción secundaria. Este cambio plantea una pregunta clave: ¿cuáles son las consecuencias cognitivas, culturales y sociales de una generación que casi no lee en papel?
Diversos estudios científicos advierten sobre el denominado “efecto de inferioridad de la pantalla”, que describe la tendencia a comprender y retener menos información cuando se lee en dispositivos digitales en comparación con el papel. Un amplio metaanálisis demostró que los estudiantes que leen textos impresos obtienen mejores resultados en pruebas de comprensión que aquellos que leen el mismo contenido en pantallas. Este patrón se repite en distintas edades, materias y contextos educativos, lo que sugiere que el soporte de lectura influye directamente en el aprendizaje.
Las razones de esta diferencia son múltiples. Por un lado, las pantallas favorecen la multitarea, el desplazamiento constante y los cambios rápidos de atención, lo que dificulta la lectura profunda. Por otro, los libros impresos ofrecen referencias físicas —como la ubicación de un texto en una página— que ayudan al cerebro a organizar y recordar la información. Además, diversos estudios muestran que en pantalla se tiende a “escanear” el contenido, mientras que en papel la lectura es más pausada y reflexiva.
En este contexto, surge una reflexión relevante: ¿qué ocurre cuando una generación crece sin desarrollar el hábito de leer en papel? Probablemente no deje de leer, pero sí cambie la manera en que lo hace. La lectura podría convertirse en una actividad más superficial, orientada al consumo rápido de información, con menor capacidad de concentración, memoria más frágil y menor profundidad en la comprensión.
A largo plazo, este fenómeno no solo impacta en el aprendizaje, sino también en la relación de las personas con el conocimiento, el lenguaje y las ideas. El papel ofrece un espacio donde el pensamiento se despliega sin interrupciones, donde el tiempo se desacelera y el sentido se construye con mayor profundidad. Prescindir de él implica el riesgo de perder una dimensión esencial de la lectura: la capacidad de detenerse, reflexionar y apropiarse verdaderamente del conocimiento.
Fuente: Love Paper. By Chloe Welham. “What Happens When a Generation Never Learns to Read on Paper?” / Adaptación para newsletter: Asociación de Fabricantes de Celulosa y Papel.

