Geopolítica y barreras comerciales: El nuevo escenario que redefine los flujos de papel y cartón en la región.
La geopolítica ha dejado de ser una variable externa para convertirse en el núcleo de las decisiones de la industria forestal y papelera. En un entorno global caracterizado por aranceles, medidas antidumping y crecientes tensiones comerciales, las empresas ya no pueden planificar su estrategia basándose únicamente en costos de fibra o eficiencia productiva. Hoy, la flexibilidad comercial y la capacidad de redireccionar volúmenes de exportación representan activos competitivos indispensables.
Un claro ejemplo de este reordenamiento ocurrió en julio de 2026, cuando Estados Unidos implementó un arancel del 25% a las importaciones de papel provenientes de Brasil, afectando a categorías clave como el papel tissue, papeles para packaging e impresión y escritura (exceptuando únicamente a la celulosa de madera). Considerando que Brasil exportó 2,56 millones de toneladas de productos papeleros en 2025 y que Estados Unidos figuraba entre sus principales destinos, este gravamen altera sustancialmente las condiciones de competitividad para el gigante sudamericano.
Por otro lado, el «factor China» continúa reconfigurando el mercado. China ha dejado de ser el mayor consumidor de celulosa para consolidarse como un productor altamente integrado. Cuando los precios internacionales de la fibra corta caen, los fabricantes chinos sustituyen la celulosa importada por astillas (chips) locales. Esta creciente integración no solo reduce de forma potencial la demanda global de celulosa, sino que genera excedentes de productos terminados de papel y embalaje que el mercado interno chino no puede absorber.
Este excedente industrial busca mercados alternativos, y América Latina se encuentra en primera línea de recepción. Históricamente, México ha sido el destino de casi la mitad de las exportaciones chinas de carton (boxboard) hacia la región. Sin embargo, la reciente imposición de derechos antidumping definitivos por cinco años aplicados por México en julio de 2026 a estas importaciones chinas amenaza con generar un «efecto desvío». Es altamente probable que estos flujos comerciales se reorienten hacia mercados sudamericanos que no cuenten con las mismas restricciones, tales como Argentina, Brasil y Perú.
Para los fabricantes de la región, y en particular para la industria argentina, este escenario plantea un doble desafío. Por un lado, una mayor oferta de importaciones puede beneficiar a los transformadores y usuarios de papel con precios competitivos. Por el otro, ejerce una presión extraordinaria sobre los precios y márgenes de los productores locales, justo en segmentos donde la industria nacional busca consolidar su participación. El monitoreo de estas corrientes comerciales y la adopción de medidas oportunas serán determinantes para preservar la estabilidad del mercado interno.

